Para dinamitar puentes ya no hace falta pólvora, valen las demandas

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Autor: Ana Durá

¿Creías que todos los puentes de Venecia se merecen una fotografía? Pues no, hay uno que se merece expiar sus culpas, que parecen multiplicarse, en el rincón de los chicos malos. Así, esta ciudad la plagan puentes vetustos y longevos, que resisten con vigor las acometidas de los viajeros y lugareños sin apenas mostrar síntomas de artrosis en su estructura. De hecho, el más antiguo es el puente de Rialto que atraviesa el Gran Canal y fue construido en 1591, pero el vejete no presenta demasiados achaques y sus habitantes se enorgullecen de él. No en vano, es tanto el agasajo que le dispensan los expertos que todas las guías de viajes emplazan al turista a sumarse a la algarabía de esta infraestructura que conduce hasta el mercado de Rialto. Sin embargo, entre todo este muestrario de canosas infraestructuras que merecen una oda fotográfica en Pinterest, hay una que se desgaja del cuadro de honor desde 2008 (fecha de su inauguración) y que tiene a media población veneciana enfurruñada.

Su artífice está a punto de ser castigado y obligado a subir a la pizarra para escribir, como Bart Simpson, la siguiente sentencia: “Tendré en cuenta a las personas con movilidad reducida en el diseño de mis obras”. Por las venas de esta construcción, bautizada como Puente de la Constitución, corre sangre española, pues ha sido diseñada por el arquitecto Santiago Calatrava, pero parece que esta estructura (y este arquitecto) no hace más que coleccionar descontentos y las demandas empiezan a aflorar.

De este modo, muchos se quejan de que el puente entraña graves problemas para la seguridad del peatón, pues han tachado sus escalones de resbaladizos y parece que un sinfín de caídas atestiguan este extremo.

Para colmo, el puente sortea no sólo el canal, sino que también pasa por alto las necesidades de las personas con movilidad reducida y en estos tiempos de accesibilidad no es posible dar esquinazo a la accesibilidad sin que te ganes una reprimenda, pues Calatrava ha actuado como un arquitecto del siglo XV. En definitiva, al valenciano le crecen los enanos, y no solo se circunscriben a la ciudad italiana, pues también le han demandado los municipios de Oviedo, Valencia o Bilbao y la familia de indignados crece alimentada por las pifias. Por lo tanto, su gabinete jurídico ya ha sido movilizado para defender en las trincheras judiciales el buen nombre de un arquitecto en horas bajas.

De hecho, no se atisba el horizonte en el listado de reclamaciones que le plantea el Consistorio veneciano que solicita a Calatrava una indemnización por los 464.000 euros extra que ha tenido que abonar para hacer frente a sus carencias. A esta exigencia se suma la queja por el sobrecoste en el que, según asegura el Tribunal de Cuentas de Venecia, ha incurrido el arquitecto, pues si en un principio se barajó una cifra de 3,8 millones de euros, ésta acabó rebasando los once.

Dicho puente conecta la plaza de Roma con la estación de Santa Lucía. Por lo tanto, el vástago de Calatrava debería hallarse en perfecto estado de revista para atender las necesidades de todo tipo de viajero, incluso para atender a los que se deslizan en silla de ruedas. Quizás debiera tomar nota de los derroteros que han tomado países como China que se han propuesto que obras tan milenarias como la Muralla China sean accesibles para las personas con movilidad reducida y que éstas puedan disfrutar del goce de recorrer alguno de sus míticos tramos. ¿Debería haber consultado el señor Calatrava el catálogo de opciones accesibles que incluyen empresas como ThyssenKrupp Encasa u Orona? Una silla sube escaleras, una plataforma elevadora, una rampa antideslizante… Sólo había que echarle el ojo a la mejor opción y vualá, el asunto se vuelve accesible y ya has finiquitado el tema de que te tachen de arquitecto insensible a las necesidades del prójimo.

Por suerte, cunde la fiebre de la accesibilidad y es patente el desvelo que empieza a implantarse entre las ciudades europeas por volverse accesibles para el usuario de silla de ruedas. De este modo, Ávila se ha erigido en el faro de la accesibilidad que toda urbe debiera intentar emular, pues en 2010 la ciudad se ganó el título de la ciudad más accesible de Europea, un galardón que anualmente concede la Comisión Europea.

Por desgracia, la idiosincrasia de Venecia la hace poco apta para los devaneos de los usuarios en silla de ruedas que deben lidiar con calles estrechas y empedrados irregulares, por no mencionar puentes urdidos en pleno siglo XXI, pero con planteamientos sociales de los tiempos de Giacomo Casanova. Aún así, Venecia se esfuerza por enfilar el camino de la accesibilidad con corteses vaporettos y taxis adaptados. Sin embargo, el tema de deslizarse a bordo de una romanticona góndola capitaneada por un gondolero enfundado en la icónica camisa de rayas azules será de difícil consumación.

En definitiva, esta historia encierra una moraleja y es que si construyes un puente, debes evitar a toda costa que lo bombardeen a críticas por su presunta mala ejecución, pues ésta encarna la pólvora del siglo XXI y parece que el Puente de la Constitución ya ha sido dinamitado con su arquitecto a bordo.