4/7_COMPLEJIDAD // serie CRITERIOS DE EVALUACIÓN DEL URBANISMO ECOLÓGICO // Herramientas de Medición para un Modelo Urbano Mediterráneo Sostenible

Si hasta ahora decíamos que la densidad era algo así como la condición previa para conseguir el urbanismo ecológico hoy veremos cómo por sí sola de poco sirve para aumentar la sostenibilidad de nuestras ciudades. Comenzamos de nuevo imaginando que vives en una zona como esta:

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Ya sabemos que tu barrio no es denso. Los chaletitos, aunque sean pequeños y tengan una piscina que parece una bañera, ocupan bastante espacio y por tanto allí no vive mucha gente. También hemos visto que el espacio público no es acogedor (asfalto, aceras y vallas) y que para hacer cualquier cosa acabas arrancando el coche. Sin embargo, que vivas en un barrio poco denso no significa que pases toda tu vida en el pueblecito de ensueño. Por las mañanas suena tu despertador a las 7:00, te das una ducha rápida, guardas el portátil en la mochila y te vas a la puerta porque te recoge Roberto para ir a la Universidad. En un rato llegas al campus, una zona “especial” de la ciudad que sí es densa.

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En él hay bastantes edificios y están llenos de mucha gente. Hace años algunos sabios decidieron que en vez de tener las facultades en el centro de la ciudad, rodeadas de calles, tiendas, coches, plazas y quioscos (o lo que es lo mismo de madres con carritos de la compra, ancianos de paseo y niños de camino al colegio o jugando en el parque) era mejor sacarlas de allí para centralizar mejor los usos universitarios, facilitar la conexión de unos edificios a otros… (o quizás porque en otro sitio el suelo era infinitamente más barato). Así los edificios donde vas a clase están en una zona de las afueras, rodeada por una valla al otro lado de la cual no hay nada, o casi nada, interesante (una autopista, un polígono industrial o unos campos de cultivo…). De camino a clase, en el aula o en la cantina casi toda la gente con la que te encuentras es como tú (bueno más o menos): estudiante, de clase media, procedentes más o menos de la misma región del país, etcétera.

Las generalizaciones no son buenas, y aunque obviamente existen excepciones esto es lo que se conoce como un área monofuncional (o al menos lo es mucho más que la mayoría de los barrios de las ciudades en las que vivimos). Pero en tu ciudad no sólo existe esa área monofuncional, existen muchas más. Cuando acabas las clases te montas otra vez en el coche y te vas a jugar al futbol a la zona deportiva de la ciudad… de nuevo te encuentras con muchos que son iguales que tú, y cuando termina el partido de nuevo coche, centro comercial, cena, película y de vuelta a casa.

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Esto ejemplifica exactamente lo contrario de lo que entendemos por complejidad ya que cada una de las zonas que hemos enumerado tiene unos límites claros, unas reglas definidas y está habitada por personas que son muy parecidas entre sí.

 

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Sin embargo esta otra ciudad es compleja, por no decir que es sucia, hace ruido, no huele a desinfectante y tiene luces de colores:

 

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No nos engañemos, vivir en ella no es tan fácil como hemos descrito en los post anteriores. Como es densa tienes vecinos… muchos vecinos diferentes a ti, con otros hábitos y otras formas diferentes de vivir. Puedes ir a casi todos los sitios andando o en transporte público, pero aparcar el coche puede ser una odisea además de caro. Tienes pocos parques donde ir a jugar con los niños, pero cuando llegas allí es fácil que se entretengan jugando en alguno de los 3 partidos que simultáneamente se están jugando (o que te lleves un balonazo en la cara). Vivir en ella es una declaración de principios, representa una actitud ciudadana, da igual que sea en el centro o en un barrio de las afueras, vivir en una ciudad y no en una zona urbanizada (en el segundo barrio y no rodeado de chalets), nos permite disfrutar de su complejidad, es decir, de la convivencia dentro de un mismo espacio con gentes y actividades diversas e ocasiones inesperadas.

 

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La primera ciudad que hemos descrito es el resultado de las maneras de hacer ciudad implantadas durante décadas a lo largo del siglo XX. Zonas con unos usos determinados, separadas entre sí físicamente y conectadas por autopistas para poder ir de una a otra rápidamente en nuestro coche, por lo tanto es un modelo nuevo, inventado e importado y que rechazaba la ciudad tradicional, densa y compacta conocida hasta entonces, que en ocasiones también era sucia, maloliente e incluso insalubre.

La respuesta frente a estos problemas fue “meter aire” entre medias… pero quizás demasiado. Las zonas, aunque fueran densas se hicieron monofuncionales frente a la versatilidad inicial, y se alejaron tanto entre sí que ya era imposible conectarlas mediante el paseo ocasional del peatón, sino que era necesario ir en coche. El resultado es que otra ciudad apareció, una que no es sostenible. Con este texto no queremos decir que debamos volver a vivir en las ciudades de hace 100 años, sino que ésta puede ser el objeto de nuestros esfuerzos futuros, haciéndola más amable, limpia y saludable, pero al mismo tiempo manteniendo su complejidad, vivacidad y versatilidad. http://www.morethangreen.es/propuestas-de-revitalizacion-urbana-en-el-barrio-orba/

(Pero no nos engañemos… en ellas seguirá oliendo peor que en la casita de la pradera, y quizás sea precisamente ese olor característico el que hace tan especial algunos de los barrios que más nos gusta visitar).

 

Después de la pequeña historia de hoy, veamos por qué una ciudad compleja y compacta como la que hemos descrito es más sostenible:

SOSTENIBILIDAD MEDIOAMBIENTAL. Una ciudad que permite la mezcla de usos en su interior, por lo tanto el lugar donde vives puede estar próximo al lugar donde trabajas, donde vas de compras o donde a divertirte con tus amigos. Esto sin duda reduce el uso del coche y por tanto de nuestra demanda energética.

SOSTENIBILIDAD SOCIAL. Frente a las áreas monofuncionales, en una ciudad o barrio complejo los usos diferenciados que en ellos aparecen propiciarán la aparición de personas también diferentes. Si además el espacio público favorece el encuentro se estará fomentando la interacción social y la convivencia.

SOSTENIBILIDAD ECONÓMICA. La versatilidad de la ciudad significa que ésta puede ser usada de muchas maneras y para muchas cosas diferentes, lo cual claramente tiene una condición económica: en vez de crear un ámbito urbano específico para cada función, quizás todos ellos pueden suceder en una misma área de la ciudad. Por tanto se está obteniendo un mismo resultado sin tener la necesidad de por ejemplo duplicar la edificación o la superficie urbanizada.

SOSTENIBILIDAD CULTURAL. Ésta quizás sea la más clara. La ciudad tradicional y los ensanches del siglo XIX de nuestras ciudades son áreas tremendamente versátiles. Tradicionalmente han alojado la mayoría de las funciones posibles, por tanto tender hacia una ciudad compleja es en realidad aprender sobre cómo nuestras ciudades se han desarrollado desde hace siglos.

Como siempre ahora veremos cómo algunos de los INDICADORES DE SOSTENIBILIDAD del URBANISMO ECOLÓGICO miden el nivel de complejidad de nuestras ciudades, o lo que es lo mismo qué actividades diferentes se dan en una misma área de la ciudad y cómo es el espacio físico que las relaciona, como condición para que personas diferentes se den cita en ella al mismo tiempo:

Una de las áreas monofuncionales típicas de nuestras ciudades son las áreas residenciales, es decir zonas en las que sólo hay viviendas, los típicos barrios dormitorio del extrarradio, de donde la población sale a trabajar o estudiar por la mañana y al cual no vuelven hasta la noche. Por el contrario el centro de muchas de nuestras grandes ciudades sufren el efecto opuesto, ya que si bien durante el día están llenos de gente, cuando la gente vuelve a sus casas se convierten en áreas fantasma. Así una de las formas de asegurar una correcta mezcla de usos es que exista un EQUILIBRIO ENTRE ACTIVIDAD Y RESIDENCIA, para lo cual se estima que al menos en más de la mitad de la superficie que ocupe un barrio, el 15% de lo construido debería tener un uso diferente al de vivienda.

De la misma forma, el hecho de que el lugar donde vivimos tenga PROXIMIDAD  A ACTYIVIDADES COMERCIALES DE USO COTIDIANO asegurará que no vamos a depender del coche para, por ejemplo, comprar pan, frutas y verduras, carne, pescados, prensa o productos farmacéuticos. La presencia de estos comercios asegurará al mismo tiempo actividad comercial minorista que promueve una economía local, frente al centro comercial o supermercado, que en muchos casos bloque la aparición de éste. Así se estima que se cumple esa condición de proximidad cuando el 75% de la población de un barrio en un paseo de 5 minutos tiene acceso a al menos 6 de las actividades anteriormente descritas.

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Por último es importante destacar que la calidad del espacio público favorecerá una mayor actividad económica y al mismo tiempo una mayor presencia de gente en las calles, y es que no olvidemos que la gente atrae a más gente. Esto no es otra cosa que crear y potenciar las típicas calles comerciales de nuestras ciudades que combinan una fuerte actividad comercial con una buena accesibilidad peatonal. Por tanto estamos hablando de asegurar la CONTINUIDAD ESPACIAL Y FUNCIONAL DE LA CALLE, para lo cual se estima que al menos una de cada cuatro calles de nuestros barrios deberían contar con más de 10 actividades por cada 100 metros de calle.

Para completar la información técnica de estos indicadores puedes consultar las páginas 521-527 y 533-535 de la Guía Metodológica para los Sistemas de Auditoría, Certificación o Acreditación de la Calidad y Sostenibilidad en el Medio Urbano.