6/7_METABOLISMO URBANO // serie CRITERIOS DE EVALUACIÓN DEL URBANISMO ECOLÓGICO // Herramientas de Medición para un Modelo Urbano Mediterráneo Sostenible

Como veíamos en la historia anterior la imagen de la ciudad como algo construido separado de lo natural ya no existe. Pero lo cierto es que nunca ha existido, sólo en los cuentos de hadas. Ninguno de los autores de este blog somos especialmente freaky, pero quizás si recurrimos a una imagen todo sea más sencillo. La ciudad mitológica de Minas Tirith, donde transcurren algunos de los sucesos más importantes de la última parte de la trilogía del Señor de los Anillos, tiene esta apariencia:

Minas Tirith

Una ciudad amurallada, fuera de la cual no hay rastro de nada hecho por el hombre… sólo la naturaleza indómita… lo de siempre: lo urbano vs. lo natural.

Pero esto es pura fachada: los habitantes de la capital de Gondor comían todos los días, luego los campos intactos que rodean la ciudad en realidad deberían estar sembrados, arados y cultivados. No sólo verduras come el hombre, por lo que también habría granjeros que proveerían a sus habitantes de carne, leche, huevos y demás productos de primera necesidad. Pero no todo se produce cerca de la ciudad, el pescado (aunque hay río) y muchos otros productos hay que traerlos de zonas cercanas, luego estos campos estarían atravesados por caminos (Gándalf no iría campo a través…) y por el embarcadero del río llegarían barcos cargados de mercancías. Las fuentes situadas en la falda de la montaña serían el suministro de agua potable de la ciudad y los bosques cercanos los lugares de donde extraer el combustible necesario para calentar las casas o preparar alimentos, y así un largo etcétera.

Pero la cosa no acaba ahí. La blanca y resplandeciente Minas Tirith funciona como el resto de ciudades, devolviendo a este entorno idealizado los deshechos producidos en su funcionamiento diario: basura, restos orgánicos de la preparación de alimentos, aguas contaminadas tras pasar por palacios, casas y restaurantes (los personajes de cuentos de hadas también hacen aguas menores), liberando CO2 por los fuegos de hogueras y chimeneas, etcétera. Esto es precisamente el metabolismo urbano: la cantidad de recursos que una ciudad consume para su funcionamiento diario y los residuos que a consecuencia de esta actividad devuelve al medio. Por tanto Minas Tirith no existe separada del entorno natural que la rodea, sino que forma con él un ciclo de funcionamiento, sin el cual la ciudad desaparecería rápidamente. Esto es precisamente un ecosistema y de él forman parte tanto esta ciudad como el resto. Por tanto esto ya no es urbano vs. natural, sino que en realidad lo urbano se integra en lo natural.

Las ciudades tradicionales eran conscientes de esto y aunque fuera de una forma intuitiva eran capaces de mantener un equilibrio entre otras cosas porque la cantidad de gente que vivía en ellas de forma concentrada era mucho menor que la que vivía en el campo. Sin embargo esta relación llega siglos invirtiéndose, por lo que las ciudades se han convertido en algo tan grande que pueden desequilibrar fácilmente los sistemas naturales de los que forman parte.

Dejemos de hablar de ciudades mitológicas y pasemos a las ciudades que nos están acompañando a lo largo de toda esta serie, ya que en lo que metabolismo urbano no sólo importa el tamaño sino también la forma en que vivimos. Ya hemos visto en alguna de las historias anteriores que la escasa densidad de habitantes y acontecimientos de este barrio te obliga a desplazarte con un medio motorizado, que en el mejor de los casos es el transporte público, pero que habitualmente es el coche que guardas en el garaje. Cada vez que arrancas el motor no sólo estás consumiendo un recurso energético, sino que además estás devolviendo al medio ambiente un residuo en forma de emisión de gases de efecto invernadero. Sin embargo no sólo eres tú el que necesita moverse… también lo tienen que hacer el cartero, el camión de la basura, el repartidor, la policía local que hace la ronda nocturna… y para ello utilizan las redes de transporte.

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A esta tipo de ciudad se le denomina urbanismo de redes, ya que necesita que las redes de servicios se extiendan y se extiendan sin parar: cada una de esas casitas necesita agua potable (red de abastecimiento), necesita evacuar residuos (red de saneamiento), necesita enchufar la televisión, el portátil, cargar el móvil, además de llegar a través de una calle asfaltada e iluminada (red eléctrica), necesita hablar por teléfono y conectarse a internet (red de telefonía)… más y más redes extendiéndose por el territorio, las cuales no sólo hay que construir, sino también mantener a lo largo del tiempo.

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Además si nos fijamos en las casitas cada una de ellas está rodeada de un verde jardincito que hay que regar a diario y una piscina que hay que llenar de agua y mantener limpia. La casa al estar rodeada de aire por los cuatro lados es como una estufa en invierno, ya que si no está correctamente aislada, emite el calor interior hacia el aire que le rodea, y por tanto aumenta el consumo de calefacción. De la misma forma en verano el aire acondicionado a tope en el interior intenta contrarrestar el efecto del sol sobre los muros durante todo el día.

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Son pocos los casos en los que estas casas depuran las aguas grises, acumulan y reutilizan las aguas de lluvia, se aíslan correctamente evitando el aporte extra de energía para lograr el confort térmico, se orientan correctamente, etcétera. Sin embargo todo esto es posible, luego incluso en este urbanismo de redes se puede mejorar el metabolismo urbano.

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De nuevo vivir en un área densa y compacta está del lado de la sostenibilidad. Obviamente esta parte de la ciudad necesita de las redes, pero estas son mucho menos extensas y lo que es más importante, se utilizarán más intensamente, luego podrán ser mucho más eficientes. Así los autobuses transportarán a más pasajeros y habrán más paradas, los camiones de basura tendrán que recorrer menos distancia en su recorrido y los cubos de basura estarán más llenos (porque más gente vive cerca de ellos), la policía en su ronda diaria podrá atender a más gente de una forma rápida, un cartero podrá repartir muchas más cartas en menos tiempo, 100 metros de tubería de agua potable servirá a cientos de viviendas (y no a seis), un parque público será el lugar de recreo para muchos vecinos, una farola iluminará el paseo nocturno de muchos ciudadanos y no sólo el camino para que mi vecino de la casa de al lado vuelva en su coche después de trabajar…

Así vemos cómo el metabolismo de nuestras ciudades afecta a la sostenibilidad urbana:

SOSTENIBILIDAD MEDIOAMBIENTAL. Después de lo comentado anteriormente resulta casi evidente. De hecho esta relación es tan evidente que es la que ha eclipsado otras acepciones de la sostenibilidad: Metabolismo = Medioambiente = Sostenibilidad.

SOSTENIBILIDAD SOCIAL. La producción de los recursos también se puede realizar en el interior de nuestras ciudades y estos lugares pueden ser también espacios para el encuentro entre sus habitantes.

SOSTENIBILIDAD CULTURAL. Ser consumidor local de recursos implica conocer y reconocer los valores que nos son propios… y uno de los más importantes es por ejemplo la gastronomía. Saber qué productos son los propios de nuestra tierra, cómo se producen (incluso conocer a quién los producen) y cómo se cocinan es parte de una cultura que nos es propia.

SOSTENIBILIDAD ECONÓMICA. Obviamente la construcción y mantenimiento de estas redes urbanas conlleva una importante inversión económica, luego una mayor eficiencia de las mismas implicará un ahorro que permitirá invertir ese dinero sobrante en otras partes de la ciudad.

El objeto último de estos artículos es que cada uno de nosotros pueda entender de una forma bastante intuitiva (y con unos valores numéricos sencillos) cómo sencillas decisiones afectan a la sostenibilidad urbana. Como os podéis imaginar muchos de los indicadores relacionados con el metabolismo urbano son de todo menos sencillos de calcular.

. Sin embargo aportan unos “números gordos” que sería conveniente conocer y recordar: un CONSUMO ENERGÉTICO deseable de 6000 KWh/habitante y año (considerando tanto los consumos privados como los públicos), un CONSUMO DE AGUA POTABLE para usos residenciales de 100 litros/habitante y día y una GENERACIÓN DE RESIDUOS menor de 1.5 Kg/habitante al día. Medir estas cantidades en casa es muy sencillo… sólo necesitas las facturas de los suministros y la báscula del baño.

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·Además hay otro indicador que podemos calcular y asimilar de forma muy sencilla. A día de hoy, al menos en el contexto español, la separación de residuos debe realizarse en origen. Todo aquello que no separemos nosotros en casa va a acabar sepultado bajo tierra, por lo que en este caso la minimización de los residuos emitidos depende directamente de nuestras acciones. La importancia de esta acción reside en que separar residuos equivale a convertirlos en un recurso y por tanto estamos imitando los procesos circulares naturales. Para conseguirlo a parte de estar concienciado, uno de los factores diferenciales para lograr que la población separe los residuos es que encuentre los contenedores de cada una de las fracciones (papel y cartón, vidrio, envases ligeros, materia orgánica y resto) cerca de su casa. Así el indicador de PROXIMIDAD A PUNTOS DE RECOGIDA DE RESIDUOS nos indica que al menos el 80% de la población de la ciudad debería encontrar esos cinco contenedores a menos de 150 metros de la puerta de su casa, ¿es este tu caso?

Para completar la información técnica de estos indicadores puedes consultar las páginas 563-565, 573-576 y 581-588 de la Guía Metodológica para los Sistemas de Auditoría, Certificación o Acreditación de la Calidad y Sostenibilidad en el Medio Urbano.